martes, 12 de diciembre de 2006

¿Qué es... flamenco?

Flamenco es vida, es soñar despierto y vivir, vivir. Es sentir, percibir con el alma el vuelo de una mariposa y soñar entre sus alas mientras bailas, es sentir aquel tierno susurro que te relata una historia mientras agita sus alas y te enseña el camino a danzar y a sentir, sentir el flamenco.
Flamenco es un sueño y así un mundo para cada alma, un lugar donde puedes ver o imaginar cualquier cosa, inventas tu propia historia y vives la suya, porque el flamenco es llorar cantando y cantar llorando, es sentir que todo es infinito, el amor, el llanto, la alegría, los sueños. Somos flamenco y ser flamenco es tener alma de niño, es ver el mundo con aquella sencillez que no necesita más que un cielo que le cobije y una voz que lo arrulle. Y el alma de ese niño se va transformando hasta convertirse en un algo tan necesario como el aire mismo.
Cuando escucho el zapateo de un “flamenco” puedo sentir cada vibración y es el latir de mi corazón que se fusiona con duende y puede llegar a latir tan rápido como lo haría por amor.
Cuando muevo mis manos, siento como la música empieza a tomar forma y pasa entre mis manos tan suave como lo haría la arena del mar que se desvanece entre mis dedos y lo siento, casi como podría sentir que mi alma grita satisfecha de tan placentero paseo.
La esencia de mi vida se refleja en mi duende y en mi flamenquería, y aunque no sea una aguerrida del flamenco aun así lo siento y lo amo, y lo prefiero así. No logro imaginar mas allá del tiempo y los años cuánto habrá crecido mi pasión, mi amor por este “sueño”, y es que nisiquiera lo pienso, tal vez sería más grande de lo que mi mente puede imaginar.
Si no hubiese conocido el flamenco siquiera lo extrañaría, sería como una flor más en un sendero, pero ahora que lo conozco, que lo siento y me apasiona, renunciar a él sería como dejar a un lado mi propia vida, dejaría de ser, de existir y rechazaría la misma alegría que me produce vivir con él.
Para los gitanos el flamenco es antes que un signo literal de queja, un espacio abierto al dolor de un pueblo nacido de la persecución y el rechazo social (De ahí el duende) y a veces, parecería extraño pasar de un estado espiritualmente sombrío a otro totalmente paradójico pero, al echar afuera sus penas, el gris de sus almas se va convirtiendo en sueños de mil colores y no faltaría hablar de amor siendo real que el primer baile entre un hombre y una mujer fue el flamenco. Quien se apasiona por el flamenco, sabe exactamente de qué hablo y/o tal vez se acaba de dar cuenta de que él realmente existe en el corazón de cada uno de los que lo interpretan sin dejar a un lado sus raíces y el encanto de la antigüedad.
“El flamenco empieza en el umbral de mi alma y terminará en el último latir de mi corazón”.

Así siento el flamenco, ¿y tú?
Erika Gutiérrez